Cada primavera, Alicante vive una de sus tradiciones más arraigadas: la Romería de la Santa Faz, una peregrinación que reúne a cientos de miles de personas recorriendo los ocho kilómetros que separan el centro histórico del Monasterio de la Santa Faz. Pero hay otra forma de vivir esta tradición — una que cambia el asfalto por el agua salada y las alpargatas por los neoprenos.
La XV Travesía Solidaria Santa Faz – Jorge Crivillés, celebrada el 18 de abril de 2026, ha vuelto a demostrar que la comunidad náutica alicantina tiene algo especial: la capacidad de unir deporte, solidaridad y amor por el mar en un solo evento. Lo que empezó como una iniciativa local para rendir homenaje a Jorge Crivillés se ha convertido, quince ediciones después, en una de las citas más esperadas del calendario acuático de la Costa Blanca.
9 kilómetros nadando por la costa de Alicante

El recorrido de la travesía es, en sí mismo, una postal. Los nadadores parten de la Playa del Postiguet — justo a los pies del Castillo de Santa Bárbara — y recorren nueve kilómetros de costa hasta llegar a la Playa de San Juan, la playa más larga de Alicante. Es exactamente la misma franja costera que recorren los veleros en las excursiones en barco desde Alicante: Postiguet, Almadraba, Cabo de las Huertas y San Juan.
El perfil de los participantes es variadísimo. Nadadores federados de aguas abiertas, triatletas en plena pretemporada, aficionados que entrenan todo el invierno en piscina cubierta esperando este día, e incluso familias que se acercan al puerto solo para ver salir a los suyos. Hay quien cubre los 9 km completos a ritmo constante y quien opta por el recorrido corto; lo importante, como recuerda cada año la organización, no es la marca personal sino llegar.
Organizada por la Asociación RC7 junto con Crono4Sports, la travesía tiene un carácter no competitivo y solidario. No se trata de llegar primero, sino de llegar — y de hacerlo sabiendo que cada brazada contribuye a una causa benéfica. La recaudación de la XV edición va destinada, como en años anteriores, a entidades sociales alicantinas que trabajan con menores y colectivos vulnerables.
Cómo se organiza una travesía de 9 km desde el mar
Detrás de la imagen épica de cientos de gorros de colores cruzando la bahía hay una logística naval muy cuidada. El dispositivo de seguridad es lo que permite que una prueba de este tamaño se celebre sin incidentes en aguas abiertas, y conocerlo ayuda a entender por qué la comunidad náutica local es imprescindible para que la travesía exista.
El trazado se baliza con boyas de referencia cada pocos cientos de metros, visibles desde el agua pese al oleaje. La salida se escalona por tandas para evitar que los nadadores menos experimentados queden atrapados en el pelotón inicial. A lo largo de todo el recorrido hay embarcaciones de apoyo: lanchas neumáticas de rescate de Salvamento Marítimo y Cruz Roja, motos de agua de los servicios municipales, y varias embarcaciones privadas cedidas por clubes y armadores locales que abren y cierran el pelotón.
La comunicación entre embarcaciones se hace por VHF en canal previamente acordado, y cada tramo del recorrido tiene un responsable que reporta al director de prueba el paso de los nadadores. Si alguien abandona, se le sube a bordo, se le da una manta térmica y se le devuelve a tierra — y eso también forma parte del éxito de la jornada: que nadie termine el día con un susto serio.
El propio perfil batimétrico del tramo Postiguet–San Juan ayuda: son aguas relativamente poco profundas, sin corrientes fuertes salvo cambios puntuales por viento de Levante, con fondo arenoso y muy buena visibilidad. Es uno de los motivos por los que este mismo recorrido funciona tan bien para veleros con familias a bordo, como luego veremos.
El RCRA y la comunidad que vive mirando al mar

Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue la participación de las remeras SCM del Real Club de Regatas de Alicante (RCRA), que apoyaron la salida de los nadadores desde el Postiguet. El RCRA no es solo un club deportivo: es el epicentro de la vida náutica alicantina. Desde sus instalaciones en el puerto, organiza regatas como la mítica TabarcaVela, forma a jóvenes regatistas y mantiene viva una tradición marinera que tiene siglos de historia.
Que el mismo club que organiza regatas internacionales ponga sus remeras a apoyar una travesía solidaria de natación dice mucho sobre cómo funciona la comunidad náutica de Alicante: aquí todo el mundo rema — literal y figuradamente — en la misma dirección. Los patrones charteristas cedemos barcos como apoyo, los clubs de vela facilitan amarres, la asociación de submarinistas echa una mano en el balizamiento, y los pescadores retiran sus artes esa mañana para dejar el campo limpio. Si esta ciudad tiene una identidad acuática es, en buena medida, porque sus colectivos se coordinan sin estridencias.
Desde el alquiler de barcos en Alicante vemos ese tejido desde dentro. Un sábado cualquiera coinciden en la bocana del puerto una regata juvenil del RCRA, dos veleros de charter con turistas que salen a la bahía, las lanchas de pesca volviendo de sus artes y un pelotón de kayaks del club de piragüismo. Nadie se estorba; todo el mundo se entiende.
Santa Faz: una tradición con cinco siglos y un nuevo reconocimiento
La conexión entre la travesía y la Romería de la Santa Faz no es casual. La peregrinación, que este año reunió a 330.000 personas, es una de las celebraciones populares más multitudinarias de España. Sus orígenes se remontan al siglo XV, cuando un supuesto milagro relacionado con un lienzo sagrado consolidó una devoción que ha sobrevivido más de 500 años.
Y 2026 marca un hito histórico: el Consell de la Generalitat Valenciana ha declarado la romería Bien de Interés Cultural (BIC), otorgándole la máxima protección patrimonial. La distinción se suma a la categoría de Fiesta de Interés Turístico Nacional que la romería ostenta desde hace décadas, pero la figura BIC va más allá: blinda los elementos esenciales de la celebración — el itinerario, los trajes, la cantiga de la Peregrina, los gestos rituales — para que no se desvirtúen con el paso del tiempo.
Es un reconocimiento que llega justo cuando iniciativas como la Travesía Solidaria demuestran que las tradiciones más vivas son las que evolucionan sin perder su esencia. Hay incluso una conexión marinera poco conocida: Juan Sebastián Elcano, el navegante que completó la primera vuelta al mundo, dejó en su testamento la promesa de enviar un peregrino al monasterio de la Santa Faz. El mar y esta tierra siempre han estado unidos.
Ver la travesía desde un velero: la misma ruta, otra mirada

Pocas ciudades permiten asistir a un evento deportivo de esta magnitud desde el palco perfecto: la cubierta de un velero fondeado a prudente distancia del pelotón. Desde el agua, la perspectiva cambia por completo. Se ve Alicante como la veían los marinos griegos, romanos y genoveses que la fundaron y repoblaron — una bahía abierta entre dos promontorios, con el Benacantil como proa y el Cabo de las Huertas como espolón hacia el norte.
La ruta de los nadadores coincide con el tramo más pintoresco de costa del municipio. Tras salir del Postiguet, el pelotón pasa frente a las calas de La Almadraba, donde el fondo rocoso regala colores turquesa incluso en días grises. Después se abre paso en Cabo de las Huertas, el punto más al norte de la bahía, con sus acantilados bajos, el faro y las pequeñas calas salvajes que solo son accesibles por mar: Cantalar, Palmera, Cantal Roig. Y termina en la Playa de San Juan, cinco kilómetros rectos de arena fina donde el agua se vuelve transparente en cuanto se aleja uno un par de brazadas de la orilla.
Para quienes queremos compartir la costa con visitantes, es casi la ruta ideal: tres ambientes diferentes en apenas una hora y media de navegación. Es justamente la ruta que seguimos a bordo de nuestro velero Peggy en las salidas de mañana, con parada para nadar en Cabo Huertas y regreso pausado bordeando San Juan.
Alicante en primavera: un calendario náutico que no para
La Travesía Solidaria Santa Faz se suma a un calendario de eventos que confirma a Alicante como capital náutica del Mediterráneo en primavera. Solo en abril, la ciudad acoge el XXIV Trofeo Bahía de Alicante de pesca fondeada, regatas de clase 420, pruebas juveniles y travesías como esta.
Para los que nos dedicamos al mar, cada uno de estos eventos es una oportunidad de compartir lo que más nos gusta: ver Alicante desde el agua. Porque la ciudad cambia completamente cuando la miras desde un velero fondeado frente al Postiguet, con el castillo arriba y los nadadores cruzando la bahía a tu lado.
Y la primavera, para el que no lo sepa, es probablemente el mejor momento del año para navegar por aquí. Las temperaturas del agua rondan los 17–18 °C — frías para bañarse un rato largo, perfectas para la travesía — y el aire se queda en unos cómodos 21–23 °C de máxima. Los vientos térmicos de tarde ya funcionan con regularidad, el mar está limpio después del invierno y, sobre todo, la costa no está saturada de embarcaciones de motor como ocurrirá un mes y medio más tarde.
Vivir el mar de Alicante en primera persona
Si la Travesía Solidaria te ha despertado la curiosidad por esta costa, no hace falta que nades 9 kilómetros. Puedes recorrer exactamente el mismo tramo de costa — del Postiguet a San Juan, pasando por Cabo de las Huertas y sus calas escondidas — a bordo de un velero con patrón.
En nuestras escapadas de medio día en velero, la ruta habitual de mañana sigue la costa hacia el norte, con parada para baño y paddle surf en aguas turquesas. Y si prefieres algo más breve, los paseos en velero al atardecer por la zona del Postiguet son una de las experiencias más bonitas que puedes vivir en Alicante.
Para grupos que quieren celebrar algo — una despedida, un cumpleaños, una reunión familiar — la fórmula funciona igual de bien: seis u ocho personas, un patrón que lleva el barco, la misma costa mítica de fondo y la libertad de decidir sobre la marcha dónde echar el ancla. Ese es el tipo de día que se recuerda.
Porque al final, ya sea nadando, remando o navegando a vela, lo importante es lo mismo: salir al mar, sentir el Mediterráneo y formar parte de una comunidad que vive con la cara al agua.




